¿Cómo identificar el acoso en Internet y cómo hacerle frente?

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Irene Micó

Revisado por Irene Micó

Máster en Psicología General Sanitaria

General health psychologist in the Dopsi Cabinet of Psychology and health

Bárbara Bécares

Bárbara Bécares

Experto en cyberseguridad y reportero de tecnología

ACTUALIZADOS: 21 agosto 2020

Para comenzar a comprender la gravedad del acoso por Internet e incluso llegar a identificar si tú o alguien de tu familia o amigos lo está sufriendo, lo mejor es conocer qué es. La iniciativa del gobierno de Estados Unidos para hacer frente a este asunto, StopBullying.gov, explica que este es el acoso a personas que se produce a través de herramientas digitales (teléfonos, ordenadores, tablets) o plataformas de Internet (redes sociales, plataformas de vídeos, correo electrónico, herramientas de mensajería, llamadas de teléfono…).

Verás que hay herramientas eficaces para evitar que tu hijo o hija sea víctima de ciberacoso o que sea quien está atacando a otra persona. Lo mejor es poder ejercer un control sobre el menor de edad y hay formas de hacerlo fácilmente. Los menores están en constante crecimiento, desarrollo y aprendizaje e, igual que vigilas si es bueno con sus amigos o si hace sus tareas educativas, también deberías ver qué uso realiza de los dispositivos digitales.

A finales de 2020, un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística, o INE, de España, concluía que dos de cada tres niños españoles entre 10 y 15 años tienen teléfono móvil. Y es que muy difícil tratar de escapar de la nueva era digital. 

El bullying y el ciberbullying tienen una serie de efectos psicológicos (ansiedad, depresión, estrés, ideación suicida, incremento de las conductas violentas…) que hacen necesario su abordaje a nivel estructural y gubernamental, de manera que la implementación de medidas educativas y de concienciación sobre estos fenómenos se convierte en una cuestión indispensable. 

¿Qué es el ciberacoso? ¿Es el ciberacoso un problema común?

Dan Olweus, pionero en la investigación de la violencia entre iguales, define el acoso como “una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno contra otro, al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede salir por sus propios medios”.

Han transcurrido más de cuatro décadas desde que Olweus propusiera su definición sobre el acoso entre iguales, después de haber pasado años de investigación con respecto a este tema, pero la descripción actual de las características del bullying vienen a ser las mismas:

Un estudiante está siendo intimidado cuando otro estudiante o grupo de estudiantes le dice cosas mezquinas o desagradables, se ríe de él o ella, o le llama por nombres molestos o hirientes. También se le ignora completamente, se le excluye del grupo de amigos, o se le retira de actividades a propósito. Además, se le golpea, patea, empuja o amenaza, y se cuenta mentiras o falsos rumores sobre él o ella, le envía notas hirientes y trata de convencer a los demás para que no se relacionen con él/ella.

Llegados a este punto, cabe mencionar que la reiteración del acoso supone un factor clave a la hora de considerar que estamos hablando de un proceso de bullying, pues no es lo mismo vivir repetidamente episodios como los arriba mencionados que el que dos compañeros de colegio puedan discutir o pelearse en un momento puntual y de forma aislada, algo que no entraría dentro de la definición de bullying per se

Por tanto, para hablar de una situación de acoso entre iguales, Olweus e investigadores posteriores han concretado la presencia de cuatro elementos fundamentales:

1. una víctima indefensa a la que persiguen una o varias personas con intencionalidad de causar daño;

2. una desigualdad de poder entre una víctima débil y uno o varios agresores a nivel físico, psicológico o social;

3. la conducta violenta del agresor se produce de forma periódica, perpetuando una relación de dominio-sumisión y

4. el objetivo de la intimidación suele ser una única persona, y es extraño que se acose a más de uno a la vez.

La violencia, como comportamiento de relación o de resolución de conflictos, deriva en consecuencias muy negativas y destructivas, tanto a nivel físico como psicológico. 

Sin embargo, cuando son niños y adolescentes los que experimentan o se convierten en observadores de un acto de violencia, las consecuencias son todavía más complicadas en tanto a que se interioriza un aprendizaje aversivo con respecto a la conducta violenta. Esto ocurre así en las personas que son víctimas de bullying o ciberbullying, si bien el aprendizaje en el caso de los agresores es justo el contrario: “la violencia puede ser útil para conseguir algo que deseo.”

En la actualidad, el acceso a las nuevas tecnologías ha permitido que, al igual que la comunicación y la distancia entre las personas se viera modificada, también algunos procesos de carácter psicológico hayan cambiado en relación a la presencia de nuevas herramientas que pueden facilitarlos, como poder acceder a terapia psicológica online, o incrementar su gravedad, como ocurre con el ciberbullying. 

Este fenómeno es mucho más reciente que el bullying tradicional, por lo que existen varias definiciones para el mismo.

Por ejemplo, Smith (2000) lo describe como:

“un acto agresivo e intencionado llevado a cabo de manera repetida y constante a lo largo del tiempo, mediante el uso de formas de contacto electrónicas por parte de un grupo o de un individuo contra una víctima que no puede defenderse fácilmente.”

Willard (2005), habla de:

“El envío y acción de colgar textos y fotos dañinas y crueles por Internet u otras redes de comunicación”

y Belsey (2005) añade que:

“El ciberbullying es el uso vejatorio de algunas herramientas tecnológicas y el comportamiento en línea de carácter difamatorio por parte de un individuo o grupo que, de forma deliberada, repetitiva y hostil pretende dañar a otro.”

Por tanto, el ciberbullying supone un cúmulo de actuaciones de chantaje, vejaciones e insultos entre niños o adolescentes, difundiendo información lesiva en formato electrónico a través de redes sociales o cualquier medio virtual.

En esta variante del acoso, para que podamos hablar de ciberbullying no sólo debe constar la variante de reiteración del comportamiento violento por parte del agresor hacia la víctima, sino que también es necesario que existan dos niños o adolescentes a cada lado de la red tecnológica. 

Cuando esta condición de acoso se da entre un adulto y un menor, generalmente para llevar a cabo abuso o explotación sexual, el término empleado se denomina “grooming”. 

Desgraciadamente, las condiciones tecnológicas que facilitan el acoso a través de la red también propician que algunas personas (inclusive adultos) puedan convertirse en acosadores indirectos, sin ser plenamente conscientes de estar participando en una conducta de hostigamiento hacia otro menor. 

De acuerdo con Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, solo en España se calcula que de cada clase de estudiantes, de media hay dos víctimas de cyberbullying. Concretamente, según datos del pasado año 2019, entre los estudiantes españoles de 12 a 16 años, el 6,9 % consideraba haber sufrido ciberacoso en los dos últimos meses. Destaca que, tanto los datos de Unicef como de una gran parte de estudios relacionados, apuntan a que las chicas y las niñas suelen sufrir más este acoso digital que ellos.

También es importante tener en cuenta que el 3,3% reconocía el pasado 2019 haber participado como ciberagresor.  Y es que tu hijo o tu hija no solo pueden ser las víctimas, sino que es bueno conocer qué es el ciberbullying para poder saber si tienes en tu casa al ciberagresor. 

A nivel global, en los países con mayores ingresos (en los que, al mismo tiempo, más personas acceden a Internet) la proporción de niños, niñas y adolescentes que pueden verse afectados por cyberbullying rondan entre el 5 y el 21%.  

Una de las mejores formas de evitar el ciberbullying entre los más pequeños es identificar cuanto antes que esto está pasando. Y, para ello, los expertos hablan de mantener cierto  control sobre el uso que tus hijos e hijas hacen de sus dispositivos y de sus redes sociales. 

Esta guía está creada para ayudarte a comprender por qué es útil que los adultos controlen el uso que sus hijos e hijas hacen de Internet y de sus móviles y tablets. Y, además, descubrirás cuáles son las formas más sencillas para llevar a cabo un control parental. Verás que hay unas herramientas de monitorización que se han puesto muy de moda e incluso gobiernos y expertos las recomiendan y avalan.  ¡No te lo pierdas porque seguro que te va a ser de mucha ayuda!

Tipos de acoso cibernético

El ciberbullying puede tomar muchas formas. El mundo del Internet es inmenso y lleno de redes sociales donde avergonzar a una persona. La psicóloga Isabel Rovira Salvador, en un artículo sobre los tipos de acoso virtual, recuerda que “para que una conducta sea considerada como acoso debe comportar un desequilibrio de poder entre las personas involucradas. Es decir, entre acosador y acosado. Estos comportamientos deben repetirse a lo largo del tiempo, llegando a desencadenar graves consecuencias en el acosado, tanto físicas como psicológicas”.

Algunas de las formas de acosar por Internet a alguien, más comunes, son:

  • Acoso en las redes sociales o en herramientas de mensajería enviando mensajes agresivos o intimidantes a alguien. La ciberpersecución consiste en el envío de mensajes hostigadores y amenazantes de forma constante.
  • Compartir fotos vergonzosas de otras personas en Facebook, en Instagram, vídeo privados que ridiculicen en una de estas redes o en Youtube. O difundir estos videos a través del mail o de mensajes como WhatsApp o Telegram. 
  • Inventar y difundir historias falsas sobre otras personas a través de publicaciones en Facebook o de las Stories del Instagram, por ejemplo.
  • Ciberacoso sexual que puede pasar por comentarios o apelaciones al aspecto físico o vida privada de la víctima de una forma molesta o puede ser publicaciones de fotos íntimas de una persona en Internet.  Es acoso tanto si viene de otro menor de edad como, si viene de una persona adulta hacia un niño o niña. 
  • Manipular a otras personas para que acosen a la víctima. Por ejemplo, buscar a muchas personas para que le bombardeen a comentarios ofensivos o humillantes.
  • Robar información privada de un teléfono o un ordenador de una persona y hacer pública esa información o compartirla a muchas personas por WhatsApp o por mail. 
  • Sonsacar una información  a una persona (puede ser bajo amenazas o creando un ambiente de confianza) y luego difundirla sin su consentimiento. 
  • Acusar a alguien de algo, falsamente, para dañar la reputación de esa persona a ojos de su entorno.
  • Falsa victimización. Esto puede ser más dificil de distinguir y consiste en que un acosador alega que es la víctima quien le está haciendo ciberbullying a él.

Estos son algunos de los ejemplos más comunes. Pero con las posibilidades que ofrecen Internet, el ciberacoso puede tomar muchas más formas. 

¿Qué tipo de delitos pueden imputarse a un ciberacosador?

Si hay que vigilar a nuestros hijos e hijas no es solo para evitar que sean víctimas, sino también para que no sean los verdugos. 

Depende del grado de ciberacoso, un menor que  hostiga a otras personas puede incurrir en una sola falta o puede llegar a ser un delito. No es ninguna broma. En muchos países del mundo, en los casos de ciberacoso en los que la víctima terminó suicidándose, el acosador ha llegado a ser acusado de homicidio por una imprudencia. En ocasiones, también de asesinato. Otros países del mundo que aún no recogen este delito, han hablado de trabajar por desarrollar leyes similares.

Al ciberacosador también se le puede juzgar por delito de amenazas o coacciones o por delito de lesiones (en caso de que, por algún motivo, llegue a producirse alguna agresión física. Puede ser del acosador o de otras personas animadas por este).

También se recoge el delito de acoso u hostigamiento, delito contra la integridad moral, delitos contra la integridad del menor, agresión y abuso sexual (si se han llegado a producir actos contra la indemnidad y libertad sexual del menor o de la menor víctima constitutivos de un delito de agresión, abuso sexual o grooming(embaucamiento con fines sexuales a una menor de 16 años, tal y como recoge un informe publicado por el Injuve). Y también existe el delito de calumnias o injurias

¿Qué efectos puede tener el ciberbullying sobre una persona menor de edad?

De acuerdo con la Asociación Nacional de Padres y Profesores (PTA), “el ciberacoso es un peligro relativamente nuevo y puede tener consecuencias duraderas” (para víctimas, pero también para agresores). Y esa misma asociación advierte que la mejor forma que los padres tienen para prevenirlo es el control. 

Las consecuencias del cyberbullying en una víctima 

Los psicólogos siempre insisten en la importancia de comprender cuanto antes cuándo un menor está siendo víctima de acoso digital o de ciberbullying para ponerle remedio cuanto antes. Y es que estos ataques y mofas afectan directamente al autoestima del menor, que va perdiendo confianza en sí mismo.

Desde la asociación británica Bullying.uk explican que esa falta de autoestima puede traducirse en cambios de peso bruscos en tu hijo, en cambios en su personalidad (mayor tendencia a la ira, a la tristeza, al llanto…) o en que, de pronto, el menor quiera pasar mucho tiempo solo y alejado de amigos de su familia. También pueden bajar sus calificaciones y su rendimiento escolar. 

A largo plazo, las consecuencias del ciberacoso son aún más dramáticas. De acuerdo con la terapeuta Katie Hurley de Psycom, una niña, niño o adolescente que se ve sometido durante un largo periodo a acoso escolar puede llegar a tener depresión crónica, mayor riesgo de pensamientos suicidas o incluso intentos de quitarse la vida, desórdenes de ansiedad, comportamiento autodestructivo, incluso autolesionarse, abusar de sustancias o que les sea imposible conseguir mantener relaciones de amistad y de confianza. 

A este respecto, la propia psicóloga aclara que “con un tratamiento inmediato y adecuado y con sistemas de apoyo establecidos, las víctimas pueden evitar algunas de estas posibles consecuencias a largo plazo”. Para conseguir atajar cuanto antes una situación de cyberbullying, lo más importante es que padres, madres e incluso profesores, sepan reconocer el ciberacoso para poder ayudar a los ‘peques’. 

Las consecuencias del ciberbullying para quien acosa

Para padres, madres y tutores, no solo hay que tener miedo a que un hijo o una hija sea víctima de ataques y acoso, sino que hay que también fijarse bien que no sean las personas que están causando causantes del ciberbullying. Además del daño que un niño o adolescente acosador pueda causar en otros, este acto puede llegar  a ser un delito con consecuencias legales. ¿Qué pasa si te demandan por acoso? ¿Qué pasa si alguien demanda a tu hijo por ciberacoso?

La legislación puede cambiar de un país a otro, pero en general, es un delito. Hay que pensar que un menor de edad está en pleno proceso de crecimiento y desarrollo, y necesita alguien que supervise y vigile que está haciendo lo correcto. Si un niño, niña o adolescente está causando mal a algún compañero a través de redes sociales y ningún adulto le dice que está mal (o, peor aún, si sus compañeros de colegio le ríen sus comportamientos), ¿cómo va a saber que no es válido acosar a otros? Es por eso que el control parental es siempre muy necesario

Leticia Mata Mayrand. Abogada experta en las áreas de menor y familia, explica que:

“El acoso escolar puede abordarse desde muchos ámbitos y uno de ellos es el jurídico. Estamos ante un tipo de violencia entre iguales, es decir, ejercida por menores de edad hacia otros menores y constitutiva, en muchas ocasiones, de una o varias infracciones penales”. 

En España, si un acosador tiene menos de 14 años, se archiva el expediente, pero la denuncia se traslada al centro escolar para que decidan qué hacer con el niño. También se puede comunicar a organismos de protección para que comprueben cómo es la situación familiar el menor acosador. Hay una responsabilidad civil por los daños y perjuicios ocasionados de la que responderá el centro escolar y/o los representantes legales del menor. 

Si los menores acosadores tienen entre 14 y 17 años la Fiscalía de Menores debe investigar los hechos y, dependiendo de su gravedad, el acosador podría incluso acabar viviendo en un centro de menores

¿ Cómo se puede controlar si mi hijo sufre ciberacoso?

Explica la psicóloga clínica Kristin Carothers que el acoso cibernético particularmente difícil de monitorear porque no tiene lugar a simple vista. “Si tu hijo ha intimidado a otros niños a través de Internet, o si es víctima,  puedes tratar de conseguir contraseñas para sus cuentas de Facebook, Instagram y Twitter, y verificar regularmente para asegurarte de que todo es correcto”, dice la experta que, recomienda un control, sea como sea, sobre el menor. 

Una duda común de padres y madres es ¿por qué debo controlar a mi hijo? Si le pasase algo, me lo diría. Pero esto, desafortunadamente, no es cierto en gran parte de los casos. Si fuese tan sencillo reconocer qué es lo que atormenta a los niños y adolescentes, habría muchos menos traumas en adultos. De acuerdo con un estudio de la asociación WinWin Parenting, muchos menores no quieren preocupar a sus padres, otros creen que si se involucran sus padres, el acoso puede empeorar, hay quienes creen que sus padres no lo van a comprender y otros que se sienten totalmente indefensos y no ven que nadie vaya a poder hacer nada. 

También hay niños y niñas que temen que han hecho algo malo (por ejemplo enviar fotos con poca ropa que luego el agresor difunde o contar intimidades que prefiere mantener en secreto frente a su familia) y no quieren que sus padres se enteren. 

Por tanto, para padres, madres y cuidadores en general es muy difícil identificar el ciberacoso. Un informe de Save The Children, organización cuyo objetivo es la preservación de los derechos de la infancia, dicen que una de las medidas necesarias para hacer frente al cyberbullying es “la colaboración familiar para la vigilancia y control de sus hijos e hijas”.

¿Cómo vigilar el teléfono, tablet u ordenador de mis hijos?

vigilar el teléfono de mis hijos

Hay varias formas de control. Lo primero de todo tienes que saber que vigilar el dispositivo de otras personas, tanto menores de edad como mayores, es legal siempre y cuando esas personas lo sepan. 

Si prefieres hacerlo a escondidas, porque temes que tu hijo o hija use técnicas para esconderte la realidad por miedo, entonces hay muchas sentencias en el pasado que avalan que los padres espíen los dispositivos de los niños de forma oculta. Y es que el objetivo final es muy loable: proteger a los niños y adolescentes de peligros. 

Los expertos recomiendan que, cuando vayas a dejar a tu ‘peque’ tener un teléfono inteligente, se pongan ciertas normas, donde se incluya el control parental. Hay que evitar no solo el ciberacoso de otros menores, sino también que tu hijo o hija puedan ser víctimas de esos depredadores sexuales adultos que inundan la web para aprovecharse de la vulnerabilidad de los menores de edad. 

Las prácticas más comunes para vigilar las redes sociales y los dispositivos de un hijo son:

1. Entrar asiduamente a las cuentas de sus redes sociales desde tu teléfono

Así podrás descubrir qué publica, qué comenta en sus publicaciones, qué le comentan otros jóvenes. Es muy importante que los adultos aprendan a manejar herramientas como Instagram, Facebook, Twitter, TikTok… antes de permitir a sus hijos hacerlo. 

Esto te permitirá ver qué partes de su vida hace públicas tu hijo. Pero hay muchas limitaciones. Por ejemplo, puede ser que el menor no quiera agregarte como amigo o no permita que lo sigas y que sus contenidos sean privados. Puede ser que acepte tu amistad en la red social pero que restrinja los contenidos que tú puedes ver (esto lo permiten todas las redes sociales y es muy común hacerlo). Y además, no te permite ver lo que sucede en las conversaciones privadas. Tampoco te permite conocer qué habla en herramientas de mensajería como WhatsApp.

2. Conseguir todas sus contraseñas

Puedes hablar con tu hijo o hija y pedirle la contraseña de acceso a su teléfono y también para entrar a sus redes sociales varias. Y llegar a un acuerdo de con qué frecuencia tienes pensado verlo. Esto te sirve para poder también ver su WhatsApp y sus conversaciones privadas en redes sociales, además de casi todas sus publicaciones (recuerda que las historias del Instagram, muy comunes en adolescentes, se borran cada 24 horas). 

Pero aquí también encuentras limitaciones y es que tu hijo podría borrar conversaciones privadas que no quiere que veas para evitar que cuando accedas a su terminal puedas ver el contenido. También puede decidir cambiar sus contraseñas y que no puedas más acceder a su teléfono o a su ordenador. 

3. Herramientas de vigilancia muy efectivas

Existen aplicaciones que permiten vigilar un dispositivo de forma remota.  Este software se instala, de forma muy sencilla, en la mayoría de ocasiones, en el teléfono de un niño o niña y ya puedes ver toda la actividad que se realiza a través de ese teléfono.

Son herramientas tan buenas que no solo se usan para controlar que el menor no tenga problemas en Internet o para evitar el ciberacoso. Sino que también pueden ser usadas en entornos laborales para que el director de la empresa pueda estar seguro de que todos los trabajadores hacen uso de sus dispositivos de una forma adecuada. 

Así, se puede vigilar que los empleados no pierden el tiempo en las horas laborables y se evita que se haga un mal uso de la información, lo que pueda hacer peligrar la seguridad de una compañía. Como ya viste, mientras la otra persona sepa que se le está vigilando, es totalmente legal hacerlo también para adultos.

Cabe decir que, incluso muchas personas usan estas herramientas cuando sospechan que su marido o que su mujer los pueda estar engañando o siendo infiel con una tercera persona. 

La mayor ventaja es que estas aplicaciones son muy útiles para evitar el ciberacoso: si tu hijo o tu hija recibe un mensaje, tú puedes ver esa información en el momento. Si el menor quisiera ocultar el mensaje y borrarlo, estas herramientas de monitoreo son la única opción que existe que te permitirían ver ese contenido al momento

Conclusión 

En definitiva, controlar el móvil de tus hijos es esencial si quieres mantener al menor fuera de los peligros de la Red. Los psicólogos y expertos en legislación es lo que recomiendan como método más eficiente para que un niño o niña no sea víctima de ciberacoso.

La forma más efectiva de conseguir este control es gracias al software de monitoreo, aplicaciones que se han hecho muy populares en los últimos años y que permiten proteger a tus hijos y ver si están siendo expuestos a algún tipo de peligro por Internet. 

Sobre el experto

Irene Micó

Máster en Psicología General Sanitaria

Mi nombre es Irene Micó Cerdán, y actualmente ejerzo como Psicóloga General Sanitaria (CV-14205) en el Gabinete Dopsi de Psicología y Salud en el centro de València.

Me gradué en Psicología en el año 2014, cursando posteriormente estudios de Máster en Psicología Clínica y Salud a través de la fundación Universidad-Empresa ADEIT (curso 2014-2015).

Sobre el autor

Bárbara Bécares

Experto en cyberseguridad y reportero de tecnología

Bárbara Bécares es periodista y lleva escribiendo de tecnologías de la información desde el año 2007. Primero en Europa. Más adelante fue la encargada de editar una revista europea en los grandes mercados de América Latina. Eso le dio la oportunidad de conocer a fondo Colombia, México, Ecuador, Chile, Perú y Argentina, países donde la adopción de dispositivos está en constante crecimiento. La privacidad y la seguridad informática son su especialidad y también sus grandes pasiones. La tecnología es parte esencial de nuestra sociedad de hoy día y a Bárbara le encanta poder hacer llegar la información tecnológica a todo el mundo para que comprendan la necesidad de “ciberprotegerse”.